La llegada a la ciudad había sido temprana , nada más despertar en la madrugada , ambos asesinos remontaron el camino , no sin antes recoger el campamento que habían montado a mitad de camino .
Se dirigían a la ciudad de Acre , a la parte más alejada y la que más le costaría llegar si iban a pie , ya que a parte de ser muy lejana , era un camino peligroso y agotador , y el tiempo no ayudaba , caía tal torrencial de agua que era imposible caminar si resbalar y hacerse daño.
Al medio día consiguieron llegar a la entrada trasera la ciudad , colándose en la misma a través de los guardias , los cuales ni se dieron cuenta de los asesinos , ya que llevaban encima una túnica marrón y acogían una postura cristiana , lo que les hacía parecer nuevos eruditos cristianos . ¿Cómo no iban a dejarlos pasar unos soldados templarios ? su religión les prohibía tocar a un sirviente de dios .
Nada más entrar en la ciudad , Yuzuf miró a Abdel y golpeó su hombro , haciéndole un gesto con la cabeza para que le siguiese . Rápidamente este se puso en camino y escaló la pared del primer edificio , echando a correr ágilemnte por el tejado del edificio , comenzando a pasar de tejado en tejado , esquivando algunos puestos de vigilancia , hasta acabar en el tejado de un gran edificio con un viejo tejado de madera , el cual tenía una trampilla abierta , un patio debajo y justo al lado una pequeña habitación , donde Yuzuf le indicaría a Abdel que hacer.
Nada más posarse Yuzuf tras la barra , Abdel bajó , dando un paso hacia delante , al aire y sobre la trampilla , cayendo de rodillas , acercándose a la barra lentamente , observando como Yuzuf le echaba una mirada seria .
- ¡ Bien , novato , aquí tienes tu primer encargo ! - le pasó rápidamente un bote de cristal de alquimia y tras eso el tapón de corcho con la inscripción de los asesinos.- Tú primer encargo es un regalo de Al'Ashad , ya que no tendrás que buscar mucho para poder encontrarlo . Se llama Paul du Granchier , es el principal asesino de muchos de los nuestros , sabe donde se encuentran casi todas las casas donde trabajamos y ya se ha cobrado la vida de tres de nuestros mensajeros . Encuentra a ese bastardo y dale la paz que se merece y ..por cierto , llena ese bote con su sangre y después arranca el colgante de templario de su cuello , Ashad necesita saber que ha caído el primero..¡Ahora vete !
- Se supone que deberías seguirme y examinar esta misión y mi estado , para que el maestro pueda saber que hacer..-Dijo Abdel , mirándolo con seriedad y con una sonrisa de superioridad por dentro.
- ¡ Ya eres mayorcito , Abdel , sabes lo que debes hacer ! - Dijo Yuzuf sin prestar atención.
Abdel no dijo nada , solo salió de allí por las escaleras que daban a la parte superior del edificio , tras eso miró la carta de su maestro y miró la localización . El hospital cristiano , ese era al sitio que debía ir . Rápidamente echó a correr por los tejados , saltando una gran cornisa que separa aquella casa de otras , dirigiéndose hasta la torre del halcón , la cual subió apenas sin dificultad , ya que estaba ya a la mitad del recorrido.
A mitad del camino de esta se paró un momento , dirigiendo la mirada hacia la ciudadela , subiendo ahora de nuevo hasta alcanzar un saliente de madera que allí había , echando al águila que allí reposaba , poniéndose en pie sobre el mismo para mirar la ciudad con detenimiento , observando que el hospital estaba a pocos pasos de él .
Antes de saltar al vacío posó la mano sobre el viento , dejando que algunas gotas de agua cayese sobre sus dedos al descubierto , sonriendo tras eso , lanzándose al vacío rápidamente , dando una vuelta en el aire, impactando ahora contra el fardo de heno que había , esperando a que una tropa de soldados siguiese su camino , dirigiéndose ahora al callejón que estaba al lado para apalancarse allí y observar lo que le esperaba.
- Dos soldados en la entrada , dos centinelas en cada tejado , y..ahí está..-Sonrió al ver a su objetivo , caminando alrededor de la horca , al parecer ese sitio ya no era el hospital que creía.Rápidamente subió por los salientes de una casa al tejado , saltando ahora a unos tablones suspendidos en el aire, haciendo que estos lo llevasen al tejado de enfrente , donde se colocó tras una salida de humo , silbando ahora , haciendo que el soldado de guarida se acercase , dándose la vuelta sobre la chimenea del lugar , colocándose tras él cuando éste se acercó al saliente , pateando su espalda , haciendo que se estampase contra el suelo y que los otros dos soldados se acercasen a él rápidamente , mirando hacia arriba por si lo habrían empujado.- Queda uno..-rápidamente se dirigió hacia el puente del portón , cruzando este rápidamente , con equilibrio , pero corriendo , sacando una daga de su cinto , lanzándosela al otro soldado , acertando del pleno en la cabeza , tras eso se dejó caer sobre el andamio de madera para subir al tejado , dejando el cuerpo del soldado allí , para que no cayese al otro lado y los soldados se acercasen a ver de que había muerto.
Bajó hasta el patio porticado , esperando a que antes la tropa de soldados saliese , tras eso observó por dentro , en aquella gran sala donde habían algunos cuerpos de soldados asesinos sobre un carro que sacaban por la puerta trasera dos soldados , dejando a su objetivo desprotegido . Al parecer otros dos mensajeros habían caído junto algunos civiles .
Pasó lentamente a la sala , colocándose tras su objetivo , el cual se quitó su reluciente casco , mostrando su larga melena y su barba de algunos días . Antes de que se girase , Abdel pasó el brazo por el cuello de él y tras eso clavó su hoja oculta en su espalda , atravesando su columna para dejarlo sobre el suelo , desangrándose pero no muerto , agarrando ahora su bote , quitando el tapón y tras eso llenándolo de gotas de sangre de aquel hombre , arrancando tras eso el colgante templario de su cuello , mirando como en poco tiempo había muerto de dolor.
- Que el camino de tu vida te lleve hasta tu cruel destino , templario..-cerró los ojos del soldado y guardó el bote en su túnica , corriendo ahora por la puerta trasera , escondiéndose entre un grupo de aldeanos que corrían hacia sus casas , en la misma dirección , girándose, mirando bajo su capucha como los soldados atendían al cuerpo sin vida de Paul du Granche , que reposaba ahora entre los brazos de los soldados , que lo arrastraban hacia fuera para avisar a otros soldados.
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